Consejo Andaluz de Graduados sociales

“La mediación o el control de los resultados del conflicto”, por Eduardo Ruiz Vegas, presidente del Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Graduados Sociales

“Es mejor un mal acuerdo que un buen pleito”. La sentencia, atribuida a Benjamin Franklin, no es solo un aforismo jurídico. Es una forma de entender la convivencia. Y, en cierto modo, también el futuro de la justicia.

Han pasado diez años desde que la mediación comenzó a abrirse paso con decisión en Andalucía de la mano del Defensor del Pueblo. Diez años. Parece poco. No lo es. En ese tiempo, hemos aprendido algo esencial: los conflictos, algo que forma parte de la naturaleza humana, pueden transformarse en oportunidades para la convivencia.

Porque la mediación ordena el desacuerdo, lo humaniza y con la participación de sus protagonistas, lo hace comprensible.

Durante esta década, su aplicación en la relación entre ciudadanía y administración ha demostrado que hay otra manera de resolver. Más ágil. Más eficaz. Más cercana. Y, sobre todo, más justa en un sentido profundo. No en el jurídico estricto, sino en el humano.

Hoy el reto es otro.

Trasladar esa experiencia al ámbito judicializado.

Entrar en los procedimientos. En los litigios. En los espacios donde el conflicto ya ha escalado. Y hacerlo sin perder la esencia: el diálogo como herramienta, la voluntad como motor, la confianza como resultado.

Ese es el verdadero salto cualitativo.

Para los Graduados Sociales, este desafío no es teórico. Es inmediato. Es práctico. Es estructural. El convenio firmado con la Administración autonómica, de la mano de la Consejería de Justicia, Administración Local y Función Pública en 2024 para impulsar la mediación intrajudicial laboral no es un gesto institucional. Es una declaración de intenciones.

Significa asumir un nuevo rol.

Ya no solo interpretar normas. No solo defender posiciones. También construir acuerdos.

Surge así una figura que define bien nuestro tiempo: “el gestor de conflictos”. Un profesional capaz de moverse entre la técnica jurídica y la inteligencia emocional. Entre el derecho y la escucha activa. Entre la norma y la solución.

Porque la sociedad ha cambiado.

Es más compleja. Más rápida. Más tensionada.

Y el sistema de justicia, tal y como lo conocemos, no siempre llega a tiempo. Ni siempre llega bien.

La mediación no compite con la justicia. La completa.

No sustituye al juez. Lo descarga.

No debilita el derecho. Lo fortalece desde otro ángulo.

En el fondo, la mediación es una forma de responsabilidad social. Sitúa al ciudadano en el centro. Le devuelve protagonismo. Le obliga, incluso, a implicarse en la solución de su propio conflicto.

Y eso no es menor.

Porque una sociedad que dialoga es una sociedad que madura.

Andalucía ha avanzado. Es ya un referente. Pero no basta con tener herramientas. Hay que usarlas. Difundirlas. Normalizarlas.

La mediación necesita cultura.

Necesita pedagogía.

Necesita confianza.

Y, sobre todo, necesita convicción del profesional y del afectado de que puede tomar el control de los resultados del conflicto.

Este es el momento.

No de celebrar lo conseguido, sino de proyectarlo. De consolidarlo. De hacerlo cotidiano.

Porque el verdadero éxito de la mediación no será su reconocimiento jurídico.

Será su uso natural.

El día en que, ante un conflicto, la primera opción no sea litigar, sino hablar.

Ese día, la justicia y la ciudadanía habrán dado un paso decisivo hacia adelante.

Esta reflexión se enmarca en la participación del Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Graduados Sociales en la jornada conmemorativa del décimo aniversario del impulso de la mediación por parte del Defensor del Pueblo Andaluz, celebrada en Sevilla.

Eduardo Ruiz Vegas
Presidente del Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Graduados Sociales

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